Libertad de expresión, un bien tan necesario como ineludible

La fina membrana que separa el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, valores intrínsecos al individuo dentro de nuestra sociedad, de la libertad de expresión, en referencia a los medios de comunicación, se ha convertido en terreno pantanoso a lo largo de las últimas décadas, debido a la nueva dimensión que ofrece Internet. Dicho conflicto, asignatura pendiente -en cierto modo- para los debidos organismos de ley dedicados a tal menester, se ha convertido en actual tema de debate para expertos en materia informativa, enfrentando, en muchos casos, a gran número de personajes públicos con diversos medios de comunicación.

Es fácil que el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen entren en conflicto con la libertad de expresión, dado que se trata de una serie derechos fundamentales, ineludibles e inalienables,  de los que goza el ciudadano, muy protegidos por la constitución española, así como por la Declaración Universal de los Derechos Humanos; el problema reside en los límites de la libertad de expresión, pues aún considerándose un derecho intrínseco al individuo -e inviolable- existen ciertas situaciones en las que pueden surgir ligeras discrepancias, fina linea en la que Tenthman realiza su labor, en beneficio del derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen de sus clientes.

¿Qué ocurre, por ejemplo, si un medio de comunicación publica una serie de imágenes íntimas de un personaje público sin el consentimiento de éste?

En un caso de estas características es fácil que se genere cierto conflicto entre el afectado y el medio responsable, dado que, por un lado, el medio eludirá cualquier responsabilidad exponiendo su derecho a la libertad de expresión, mientras que el afectado, por otra parte, se aferrará a su derecho al honor y a la propia imagen.

Los límites de la libertad de expresión podrían situarse en el derecho a la intimidad del individuo, siempre y cuando la información dada carezca de valor informativo, pues siempre que cierto material, ya sea visual o escrito, no se considere valioso a este nivel -por el motivo que sea- se hallará fuera de los límites de dicha libertad, al causar un prejuicio a un tercero, que no ha dado su consentimiento para que dicha información sea publicada; de este modo, ambos derechos, tan necesarios como ineludibles, se ven vulnerados y, por consiguiente, entran en conflicto.

Un ejemplo de este tipo de situaciones podría ser el caso del actor Quim Gutiérrez, quien se vio afectado, recientemente, por la  publicación de una serie de fotografías en las que aparecía desnudo en una playa de Formentera. El medio responsable, la revista Cuore, referente dentro de la prensa amarillista nacional, se aferró a que se trataba de un personaje público en un lugar público, motivo por el cual el medio ejercía su total derecho al incluir las imágenes en el groso de su edición impresa, dentro de las pautas establecidas por la ley; por otra parte, el afectado se encontraba en disposición de considerar dichas instantáneas una agresión hacia su persona, motivo por el cual decidió eliminar cualquier contenido relacionado en la red, ejerciendo, de este modo, su derecho a regular y eliminar el contenido ilegal, materia en la que Tenthman se ha especializado con los años, consciente de la amplitud que ofrece Internet.

Como bien dejó escrito el experto Manuel Gameros en su artículo ‘Libertad de Expresión, Diversidad Cultural y Educación’, incluido en el manual Espacios de Comunicación, coordinado por el periodista e investigador mexicano Javier Esteinou Madrid”La libertad de expresión debe encontrar un punto intermedio entre el universalismo ingenuo y el relativismo absoluto”.

Por consiguiente, podríamos establecer que la labor de Tenthman se sitúa en este preciso punto intermedio, velando porque la integridad moral y los derechos de sus clientes no se vea vulnerada por el uso indebido, e irresponsable, de la libertad de expresión, pues dicho derecho ha de ejercerse en favor de la verdad y de la información, siempre en beneficio de una sociedad que necesita -y merece-conocer la realidad objetiva de los acontecimientos que tienen lugar a su alrededor; por el contrario, y en referencia a la prensa amarillista, cuyos contenidos carecen de valor informativo, y la burda banalidad con la que la información es tratada expone, de un modo irresponsable, a las personas implicadas, ha de defenderse el derecho al honor, a la intimidad y la propia imagen por encima de los intereses económicos del medio en cuestión, que, en detrimento de la noble labor informativa, se aferrará a su libertad de expresión a la hora de dar un trato dañino, irresponsable, y de mal gusto, a ciertos contenidos que, en su inmensa mayoría, no son noticia, y afectan a la vida de un tercero.

La dimensión ofrecida por Internet con respecto a la información es apabullante, pues resulta casi imposible, a nivel usuario, deshacerse de ciertos contenidos que puedan afectar a nuestra integridad como individuo; Tenthman centra gran parte de su labor en localizar, definir, certificar y regular contenido que afecte a los derechos de sus clientes, así como por su derecho a la libertad de expresión, al honor, a la intimidad y a la propia imagen, impidiendo que cualquier material dañino pueda seguir circulando por la red. Ese es, y siempre será, el principio moral por el que Tenthman se guía; velar por la integridad y seguridad de sus clientes en este mar de información y contenidos, en ocasiones confuso, que es Internet.

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