El poder de las redes sociales en política

Lejos han quedado los tiempos en los que los universitarios imprimían propaganda política en las facultades, con el objetivo de crear conciencia, coordinar manifestaciones, e imponerse al orden establecido; hoy en día no es necesario un soporte físico para movilizar a las masas, puesto que la universalidad del alcance que nos proporciona la red, así como su inmediatez y el fácil acceso que ofrece a los usuarios, han convertido a Internet en la herramienta de transmisión de ideas más poderosa de todos los tiempos, capaz de moldear la opinión pública, ensalzar o desvirtuar a personajes políticos, e incluso hacer campaña fuera de los medios oficiales, de un modo ajeno a todo mitin electoral que pueda estar programado en la agenda de los líderes políticos del momento; todo esto ha dotado de un poder superior a las redes sociales, espacio en el cual se maneja gran cantidad de información a diario, generando un caldo de cultivo de opinión que, inmediatamente después, se verá reflejado en las urnas.

En los últimos tiempos, los ciudadanos han pasado de ser meros receptores de información a elaboradores, emisores y divulgadores de la misma, utilizando como herramienta nuevos medios de  comunicación que ofrecen un alcance internacional, y que con el tiempo se han convertido en una potente herramienta política; hace un par de décadas era impensable que la opinión de un ciudadano cualquier pudiera llegar a un conjunto más amplio, pero hoy en día, gracias a plataformas como Twitter, WhatsApp, Facebook, Google+, entre otras muchas, esto se ha convertido en una realidad con la que los mass media se han tenido que acostumbrar a convivir -adaptándose, casi por fuerza, al medio-.

Anteriormente era el periodista el que exponía su versión de los hechos, y la actualidad se ofrecía al mundo en breves porciones de información -ordenada- que tenían a su disposición una serie de espacios horarios concretos, así como diversos soportes físicos determinados; ahora cualquiera puede dar su opinión, exponer su visión de los hechos y generar debate, sobredimensionando de tal modo la información que el usuario se ve expuesto a la actualidad de un modo continuo e inmediato. En los últimos años hemos sido partícipes de acontecimientos sociales que han pasado a la historia como puntos clave de nuestra evolución social, tales como la Primavera Árabe, el 15-M, la aparición de nuevos partidos políticos que han roto con el bipartidismo en España -un claro ejemplo es Podemos-, o el desmantelamiento de multitud de tramas de corrupción, gracias en parte a la labor de activistas que juegan en los límites de la legalidad, como Wikileaks o Anonymous; las redes sociales han sido el medio oficial de todos estos acontecimientos, así como el espacio en el que dichos grupos han coordinado sus acciones y manifestando sus ideales, filtrando toda información lo suficientemente importante como para “cambiar el mundo”.

En base a esto, a diario, como usuarios que somos, nos enfrentamos a todo tipo de información en la red, y mucha de ella es falsa, creada única y exclusivamente para deformar la realidad en base a una serie de pretextos políticos -un claro ejemplo son las noticias manipuladas que circulan por redes sociales, sobre delitos perpetrados por refugiados en Europa, cuyo objetivo es difundir un mensaje islamófobo-. Partidos políticos como Podemos alcanzaron una proyección internacional -recordemos los resultados en Europa, mucho antes de hacerse un hueco en el Congreso de los Diputados y el Senado– tras una ardua campaña propagandística que los propios ciudadanos llevaron a cabo en las redes sociales; del mismo modo, en EEUU, hemos sido espectadores -recientemente- del modo en que dicha actividad propagandística -desarrollada en parte en la red- desbancaba a Hillary Clinton en las elecciones a la presidencia del gobierno, otorgando el cetro de mando al polémicos Donald Trump.

En definitiva, la capacidad que ofrecen las redes sociales a la hora de generar debate, y moldear la opinión pública, es equiparable a la de los medios de comunicación convencionales, con la diferencia de que la veracidad de los contenidos ofrecidos en estos espacios está sujeta al origen de dicha información, y en muchos casos ésta es de dudosa fiabilidad; aún así, está visto y comprobado que el individuo, sujeto a los estímulos inmediatos que recibe del medio, actúa en base a los impulsos que recibe de él, motivo por el cual la efectividad de las redes sociales a la hora de moldear y dirigir el pensamiento político es, si acaso, intrínseca al alcance -ilimitado- que dichas herramientas ofrecen.

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