La letra pequeña (términos y condiciones) en las redes sociales

El apartado “He leído y acepto los términos y condiciones de uso” es uno de los pocos que el usuario lee antes de ingresar en una aplicación virtual, red social o soporte de cualquier tipo en Internet. Los términos y condiciones, más conocidos como la letra pequeña, son tan extensos que, en la mayor parte de los casos, se vuelven ininteligibles para el internauta, motivo por el cual este desestima su lectura, dirigiéndose directamente al final del contrato; pese a todo, esto no quiere decir que dicho contrato no tenga la misma validez que cualquier otro que podamos firmar fuera de una pantalla.

Solo en España, millones de usuarios ingresan en aplicaciones como Facebook, Twitter, Instagram, LinkedIn, YouTube, Gmail, etcétera, a diario, sin ser conscientes de hasta qué punto están cediendo sus datos, exponiendo su intimidad y, en última instancia, dando permiso a un tercero para que vulnere, de un modo legal, sus derechos; por un lado, estas compañías habrían de exponer de un modo más claro el grueso de sus condiciones al usuario, pero en el fondo es responsabilidad de este atender a dichos términos legales.

Una de las cláusulas más abusivas tiene que ver, precisamente, con la posibilidad de un conflicto entre la empresa y alguno de sus usuarios. La mayoría de estos servicios, en caso de conflicto legal, remiten al damnificado a un juzgado de California. A las autoridades de consumo de la Comunidad Autónoma en cuestión les será muy complicado actuar fuera de nuestras fronteras, lo que conlleva a una gran inseguridad jurídica. Nuestros datos son transferidos y procesados en Estados Unidos, motivo por el cual toda acción legal dirigida a la organización habrá de solucionarse en el Estado en que la compañía disponga su entidad física.

En caso de conflicto, cabe destacar que los juzgados españoles disponen de las herramientas adecuadas para solucionar cualquier problema, dado que la legislación del uso de las redes sociales en nuestro país está bastante avanzado; aun así, en primera instancia, al haber aceptado un contrato sin realizar una lectura previa, los organismos de ley vigentes se las verían con serias dificultades a la hora de alcanzar un acuerdo beneficioso para el afectado.

Ninguna de estas aplicaciones se compromete a compensar al usuario tras una caída del servicio que pudiera ser perjudicial para él o para su negocio. Los servicios prestados por la aplicación pueden ser suspendidos o invalidados sin previo aviso, y en contadas ocasiones el usuario dispondrá de la posibilidad de extraer su información a tiempo. LinkedIn, por ejemplo, se guarda el derecho de suspender el servicio a cualquier usuario si detecta un incumplimiento del contrato, o  la vulneración de alguna de sus normas de uso; por decirlo de otro modo, los servicios se ofrecen sin ninguna garantía en relación a su fiabilidad, funcionamiento, disponibilidad o seguridad de contenidos.

Los datos personales de todo usuario gozan de una mayor protección jurídica. Ninguna empresa puede ceder los datos de uno de sus clientes a un tercero sin el consentimiento explícito del mismo; por ende, estas organizaciones venden los datos disociados de sus clientes, lo que significa que no hay modo alguno de asociar dicha información a una persona física. Se trata de datos de carácter general que brindan a las compañías información sobre los gustos e inclinaciones de un público objetivo. Aun así, ¿quién nos asegura que en el contrato que hemos firmado sin leer no hemos dado permiso a la entidad para que ceda nuestro datos personales a su antojo?

Como podemos observar, la letra pequeña contiene todo aquello que las organizaciones no se atreven a decir en alto por miedo a perder clientes. Es muy importante discurrir en profundidad los términos y condiciones de una aplicación antes de ingresar en ella, volcando todos nuestros datos en su sistema. A la larga, tomar conciencia de ello puede ahorrarnos muchos problemas.

 

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