Qué es Bitcoin y cómo funciona la moneda de Internet

Tras su aparición en 2009 Bitcoin no ha dejado de evolucionar, adaptándose a la realidad de un modo que para muchos resulta visionario, y que, igualmente, a otros tantos resulta catastrófico, motivo por el cual abrir el debate de si los distintos gobiernos deberían prohibir o no este tipo de moneda se ha tornado inevitable. Tailandia, por ejemplo, prohibió recientemente las transferencias de Bitcoin dentro su territorio, y se prevé que multitud de naciones se unan a dicha iniciativa en un corto periodo de tiempo; esto no quiere decir, ni por asomo, que la moneda de Internet esté haciendo aguas, de hecho su valor sigue aumentando.

En primer lugar debemos tener claro qué son los Bitcoin, dado que su naturaleza, así como su funcionamiento, se alejan mucho de la concepción de la divisa convencional. Allá por 2009, Satoshi Nakamoto, seudónimo de su creador -o grupo de creadores-, lanzaba a la P2P -también conocida como red entre iguales, basada en una serie de computadoras conectadas entre sí para realizar un intercambio de datos directo, sin mediadores de ningún tipo- un innovador protocolo de red consensuada que permitía un nuevo sistema de pago y una moneda completamente digital.

La mayor peculiaridad que presenta este tipo de moneda, y que trae de calle a las autoridades de las principales naciones del Primer Mundo, es que al hallarse fuera del control de cualquier gobierno, institución o entidad financiera, tratándose de un tipo de divisa completamente descentralizado, las transacciones que tienen lugar en la red se disponen fuera de la ley, motivo por el cual el crimen organizado ha hallado en el proceso Bitcoin un paraíso en el que desarrollarse casi con impunidad; en la Dark web se utilizan Bitcoins para efectuar transacciones de todo tipo, ofreciéndose al usuario un gran catálogo de ofertas relacionadas con actividades ilegales como la compraventa de drogas, armas y, en los casos más sórdidos, personas y pornografía infantil.

El protocolo Bitcoin y su software fueron publicados abiertamente en 2009, por lo que cualquier programador puede crear su propia versión modificada y ofrecérsela a la comunidad digital. Desde la perspectiva del usuario no es más que un soporte que provee de un monedero Bitcoin personal, permitiendo al usuario enviar y recibir bitcoins. Por este motivo se establece que el control de la plataforma la llevan a cabo los propios usuarios al hacer uso de ella, dado que la influencia de Satoshi se ha limitado a la adopción de su sistema por parte del resto de programadores. La propia red comparte una contabilidad pública llamada block chain, que contiene cada transacción procesada internacionalmente, lo que permite verificar la validez de cada movimiento realizado por los usuarios.

Gran cantidad de expertos, tras analizar el incremento de valor que ha experimentado dicha moneda en los últimos años, han alertado de que podría tratarse de una gran burbuja que, tarde o temprano, acabará explotando. El hecho de que este sistema de pago escape al control de cualquier entidad financiera, evitando de este modo que un tercero manipule su valor -o provoque inflación- no quiere decir que sea un valor seguro a largo plazo, de hecho se trata de la moneda más inestable del mercado de divisas, dado que su valor varía en torno a la oferta y la demanda que suscita en la red, hallándose supeditada al uso que los usuarios den a la moneda.

Pese a todo el debate sigue abierto, y enfrenta a quienes defienden el proceso Bitcoin como el futuro de la nueva economía con aquellos que aseguran que estamos ante un gran fraude que en algún momento caerá por su propio peso; solo el tiempo esclarecerá cuál de las dos partes se halla en posesión de la verdad. Mientras tanto, cada vez más instituciones y comercios aceptan  recibir pagos con bitcoins, un claro ejemplo de ello es el gigante Microsoft. En la actualidad existen multitud de cajeros repartidos por todo el mundo en los que el usuario puede retirar bitcoins cuando así lo requiera.

 Quién sabe, quizá de aquí a unos años todos usemos la moneda de Internet en el día a día.

Los costes y riesgos que supone para las empresas un ciberataque

Las grandes compañías hace tiempo que digitalizaron sus contenidos, realizando todas sus acciones por medio de la red, hecho por el cual han de destinar una mayor atención a la seguridad de su infraestructura. Cabe destacar que el Internet al que normalmente accedemos ocupa un mínimo porcentaje del groso de su dimensión, y el resto, conocido como internet profunda, o Deep Web, se halla destinado a actividades gubernamentales y empresariales, en las cuales la información se halla encriptada, y dichas actividades se tornan invisibles a ojos ajenos; a no ser que dichos ojos sepan dónde mirar.

El pasado viernes se iniciaba el ataque cibernético más demoledor de la historia, dejando tras de sí a más de 150 países afectados y 200.000 víctimas, la mayor parte de ellas empresas. Se cree que a partir de hoy, lunes día quince, dichas cifras puedan aumentar, en cuanto las actividades comerciales se reanuden tras el fin de semana.

El ransomware, nombre con el que ya se conoce al virus, ha llevado a cabo un rapto masivo de ficheros por todo el mundo, dejando en evidencia, en muchos casos, la seguridad de grandes empresas y entidades gubernamentales. La seguridad digital se ha convertido en un punto de vital importancia para las empresas, hallándose las mismas en constante peligro de no tomar cartas en el asunto, dado que las consecuencias de una de estas incursiones no autorizadas pueden llegar a ser nefastas. La dependencia de las organizaciones de terceros proveedores ha incrementado el número de ciberataques, así como la intensidad de los mismos; es por ello que toda empresa debe disponerse de inmediato a tomar las medidas de prevención adecuadas con las que saber defenderse.

Las pérdidas que suponen este tipo de crímenes han traído consigo, en varias ocasiones, el cierre de diversas organizaciones; sin ir más lejos, Microsoft ha estimado en más de 575.000 millones de dólares las pérdidas ocasionadas al año por ciberataques, a escala global, sin contar con las pérdidas en valor de mercado, que afectan a la cotización de las distintas marcas, y que destruyen al año alrededor de tres billones de dólares.

El método utilizado por gran cantidad de empresas a la hora de protegerse de este tipo de ataques es la contratación de un seguro que cubra las pérdidas ocasionadas, solución que, sin miras de hacer frente al problema, se estima dejará de ser rentable a las empresas en un futuro próximo, dado que este tipo de pólizas triplicarán su coste en los próximos tres años tras haberse vuelto imprescindibles. La mejor opción de la que disponen las empresas a la hora de proteger los datos de sus clientes, evitar la indisponibilidad de sus servicios tras un ataque, y asegurar la protección de sus datos corporativos, es contratar a un buen equipo de seguridad que disponga de las herramientas y conocimientos adecuados para saber frenar un ataque de estas características.

Las pérdidas económicas ocasionadas por el ransomware, así como la pérdida de reputación corporativa de gran cantidad de empresas que traerá consigo en los próximos meses, pueden acarrear una serie de consecuencias que, en los casos más extremos, hagan echar el cierre a ciertas entidades.

Las marcas y la importancia de su reputación online

La reputación es una construcción social que el consumidor elabora en torno a una marca comercial, en base a los estímulos que recibe de ésta, y que tiene que ver con la credibilidad, coherencia y fiabilidad que el usuario muestra en relación al producto final ofertado por la marca, sea cual fuere. La reputación de una marca puede ser buena o mala, y en base a ella se obtendrán más o menos beneficios. La aparición de Internet ha supuesto una sobredimensión de este concepto, ofreciendo un nuevo universo de acción a las distintas entidades, en el que los usuarios pueden opinar, intercambiar experiencias y, en última instancia, decidir si consumen o no el producto ofertado por ciertas marcas.

El concepto de la reputación online surge en las últimas décadas, en base a la aparición de Internet, y a día de hoy es considerado por los expertos uno de los factores más valiosos en el mundo empresarial, dado que tiene que ver -de un modo directo- con la decisión final del consumidor. A diferencia de la marca, que se genera mediante campañas publicitarias y acciones de marketing, la reputación la generan los propios consumidores, tanto en un contexto online como offline, intercambiando opiniones y experiencias. Internet ofrece a los ciudadanos un gran número de herramientas con las que comunicarse entre sí -como por ejemplo las redes sociales, foros, blogs, etcétera-, espacios en los que dicha reputación es generada constantemente, en relación a infinidad de productos.

Un buen ejemplo de la importancia de la reputación online tiene que ver con el término influencer, y está directamente relacionado con el mundo blogger y la moda. Otro de los fenómenos que han tenido lugar en los últimos años, tras la aparición de Internet, ha sido el posicionamiento público de gran cantidad de personas privadas, gracias a las redes sociales; estos personajes, tras adquirir notoriedad -y un gran número de seguidores- se han convertido en herramientas de marketing para las grandes empresas. Cuando una marca paga a un influencer porque utilice sus productos, y hable positivamente de ellos, no sólo está pagando por publicidad, también paga la acción con la que dicha persona genera cierta reputación positiva acerca de dicha firma, dado que está influyendo de un modo directo en sus seguidores.

En definitiva, la reputación online tiene la capacidad de llevar a una marca comercial hasta lo más alto en sus actividades, pero también puede conllevar a un punto de inflexión negativo que haga que susodicha pueda hundirse irremediablemente. La importancia de que los usuarios valoren los productos de una empresa de un modo positivo va más allá la publicidad o el marketing, dado que, como ya hemos dicho, la reputación afecta a la decisión final del cliente, que a su vez transmitirá su opinión a los integrantes de su círculo más cercano; estos, en última instancia, pueden convertirse en fieles clientes o renegar por siempre de una marca en concreto, dada su mala reputación.

Qué es la nube y cómo funciona

Las plataformas de almacenamiento en la nube existen desde los años sesenta, y se basan en diversas redes de computadoras que brindan al usuario la opción de alojar documentos en espacios de almacenamiento virtualizados, aportados por un tercero. Por explicarlo de un modo más claro, es como si no te entrase la ropa en el armario de tu habitación, y tu compañer@ de piso te prestase una cajonera en la suya, para que puedas ordenar tus prendas en un espacio mayor del que dispones -quizá la analogía se quede un poco escueta a la hora de exponer la naturaleza de este tipo de plataformas, pero se aproxima bastante a cómo funcionan-.

La capacidad de almacenamiento en nuestro ordenador personal es limitada, y el uso de discos duros externos trae consigo una serie de inconvenientes, así como posibles disgustos -¿a quién no le ha fallado alguna vez el suyo, y ha perdido gran cantidad de datos?-. Es por ello que diversas compañías de almacenamiento operan multitud de centros de procesamiento de datos, cuya capacidad es enorme, ofreciendo a sus usuarios el espacio que estos crean conveniente, ya sea por cesión gratuita -normalmente limitada, en estos casos-, o por la contratación de un servicio mayor -de pago-.

En los últimos años se han sucedido multitud de incidentes relacionados con este tipo de plataformas, en los que diversas personalidades se han convertido en víctimas de gran cantidad de hackers; diversos documentos de carácter personal -algunos de ellos con un alto contenido sexual-, que habría sido subidos a la nube por medio de este tipo de plataformas, acabaron circulando por la red. Esta serie de sucesos -que siguen dándose en la actualidad- desataron la polémica, poniendo en tela de juicio la seguridad ofrecida por las plataformas de almacenamiento en la nube, pero lo cierto es que, en la mayor parte de los casos, dichos incidentes -y posteriores filtraciones- tenían más que ver con errores cometidos por los usuarios -en lo referido a la seguridad de sus cuentas- que con posibles negligencias cometidas por las compañías responsables del almacenamiento.

En definitiva, podría decirse que estas plataformas, entre las cuales destacan Dropbox, Google Drive, iCloud, Onedrive, y Dataprius, son seguras, aunque no debemos subestimar las habilidades de multitud de hackers que actúan, a diario, en la red, ansioso por tener acceso a los archivos privados de gran cantidad de usuarios, en ocasiones por mero entretenimiento; aún así, si seguimos las pautas establecidas por cualquiera de estas plataformas, a la hora de establecer una serie de medidas de seguridad óptimas -y recomendadas encarecidamente por los responsables de dichas compañías-, es seguro que no tendremos ningún problema a la hora de subir documentos, archivos, datos o aplicaciones a la nube.

¿Qué es la gamificación y qué papel juega dentro del marketing?

Generalmente traducido al español como gamificación, o juguetización, la ludificación se refiere a nuevas técnicas de motivación dirigidas a mejorar la producción, potenciación el aprendizaje, o solucionar diversos problemas dentro de un proceso concreto, basadas en distintas actividades lúdicas más propias de los juegos de ocio que de las actividades comerciales, educativas o referentes a cualquier tipo de materia de estudio. El principal objetivo de dichas técnicas es aplicar el pensamiento de diversos juegos a la cotidianidad del individuo, facilitando la consecución de una serie de objetivos relacionados -normalmente- con la fidelización, creatividad y cohesión social, aplicados en el ámbito de la comunicación y en marketing con fines meramente comerciales.

Uno de los antecedentes más cercanos que podemos encontrar de dicha técnica es la inclusión de los videojuegos en las redes sociales, pero podemos apreciar diversos indicios de tan novedosa actividad en décadas anteriores; los teléfonos móviles fueron los primeros en incluir videojuegos en cada nuevo modelo, lo que a día de hoy se ha convertido en un lucrativo negocio -el Serpiente del Nokia N70 se ha convertido en casi un hito del entretenimiento-, así como Satélite Digital, que allá por principios de siglo adjuntó a su propuesta un canal de videojuegos que se manejaban con el mando a distancia, y que no gozaron de mucha fama -a decir verdad dejaban muchísimo que desear-. Esta tendencia incrementa la motivación de los usuarios, modificando de forma muy positiva su participación en diversas plataformas.

La base sobre la que se erige dicha técnica es la ludología, un concepto que surgió en el ámbito empresarial a lo largo de las últimas décadas, referida a proponer distintos retos, así como varias recompensas, al cliente, en pro de una serie de beneficios a obtener. Su popularidad aumentó tras la inclusión de dicha tendencia en otros ámbitos, como el estudiantil o la comunicación de masas. El auge del entorno digital, por otra parte, no ha hecho más que potenciar su repercusión. Con respecto al mundo empresarial, la gamificación ha logrado fidelizar al consumidor con gran cantidad de marcas comerciales, gracias -en parte- al uso de una serie de técnicas aplicadas en el ámbito de la mercadotecnia, dirigidas a ofrecer al usuario diversas experiencias de ocio cuya intención no es otra que involucrarle en la actividad empresarial de la marca de un modo más directo; eventos culinarios, conciertos, festivales de arte, deportes, y un largo etcétera, conforman el listado de actividades más habituales con las que las distintas marcas suelen ofrecerse a sus clientes.

Del mismo modo que Red Bull y Monster Energy han logrado destacar como patrocinadores de distintos eventos deportivos, y germeister ha ido incrementando su presencia en festivales de música, ofreciendo eventos y actividades de todo tipo a sus clientes, otras marcas han aplicado la misma técnica a la hora de incluir al usuario de un modo más directo en las actividades de la empresa, en busca de que se forme parte activa de la marca.

 

Mónica Lewinsky, la primera víctima de acoso digital

Todos conocemos el caso de Mónica Lewinsky, y de su romance con el ex presidente de los Estados Unidos Bill Clinton –aún viniendo, muchos de nosotros, de generaciones posteriores a tan colosal escándalo, capaz de salpicar las cabeceras de los principales medios de corte internacional-. En 1998, la secretaria del ex presidente perdió su reputación y dignidad en manos de la opinión pública: la aparición de Internet supuso, a posteriori, que dicho maltrato se prolongase en el tiempo de un modo indefinido, convirtiéndola, por fuerza, en un personaje público con el que -al parecer- los usuarios podían tomarse ciertas licencias a la hora de vilipendiar y faltar al respeto; sin saberlo, Mónica se había convertido en la primera víctima de acoso digital.

“Fui la paciente cero en perder la reputación personal a nivel mundial, de forma casi instantánea”. De este modo explica su caso ante un público numeroso en la conferencia que ofreció en el ciclo TED, en la ciudad de Vancouver, Canadá, en relación al fenómeno del ciberacoso, delito del que se considera primera víctima a nivel internacional, añadiendo que “pasé de ser una figura desconocida a ser una persona mundialmente humillada”. La campaña de acoso que sufrió durante años, tanto por parte de medios de comunicación como de infinidad de usuarios privados en Internet, ha salpicado su día a día de tal modo que no ha dudado en ofrecer su caso, nuevamente, a la opinión pública, esta vez por voluntad propia, convirtiéndose en un icono de la lucha contra el ciberbullying.

En 1998 asistimos a los albores de la revolución digital: posteriormente, tras la aparición de Internet, vendrían las primeras redes sociales, tales como Myspace, Messenger o Fotolog; inmediatamente después llegarían a nosotros los grandes titanes actuales de la comunicación virtual, virtualmente encarnados en Facebook, WhatsApp, Twitter, Instagram, etcétera. De aquella, los medios de comunicación vieron en Internet una herramienta con la que abrazar a un público mayor, sin intuir que, tras la aparición del sistema android, la telefonía móvil propiciaría que dicha dimensión se viera ampliada a una escala todavía mayor; en el caso de Monica Lewinsky, esto supuso la prolongación de un infierno que debió haber acabado a finales de los noventa, y que -para su desgracia- se vio eternizado de tal modo que todavía a día de hoy se sigue hablando de su affaire con el ex presidente Bill Clinton tanto en la red como en los medios de comunicación de masas.

Ha pasado mucho tiempo desde que el escándalo ocupase las portadas de los principales diarios internacionales, así como las cabeceras de los telediarios más importantes del mundo. Hoy en día, tristemente, son muchos los casos de acoso virtual que enturbian la historia de Internet, algunos de ellos con fatídicos desenlaces, como aquel que tanto conmovió a Mónica Lewinsky, impulsándola a convertirse en activista por los derechos de las víctimas de este tipo de acoso; Tyler Clementi, un joven universitario de dieciocho años de edad, se suicidó en 2010 tras viralizarse un video en el que aparecía manteniendo relaciones sexuales con otro hombre.

En Tenthman luchamos diariamente para que casos como éste no vuelvan a repetirse jamás, borrando de Internet cualquier contenido que atente contra el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen de nuestros clientes. Si crees estar sufriendo algún tipo de acoso en la red, no dudes en ponerte en contacto con nosotros; de 1998 hasta hoy han cambiado mucho las cosas, podemos ayudarte.

Libertad de expresión, un bien tan necesario como ineludible

La fina membrana que separa el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, valores intrínsecos al individuo dentro de nuestra sociedad, de la libertad de expresión, en referencia a los medios de comunicación, se ha convertido en terreno pantanoso a lo largo de las últimas décadas, debido a la nueva dimensión que ofrece Internet. Dicho conflicto, asignatura pendiente -en cierto modo- para los debidos organismos de ley dedicados a tal menester, se ha convertido en actual tema de debate para expertos en materia informativa, enfrentando, en muchos casos, a gran número de personajes públicos con diversos medios de comunicación.

Es fácil que el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen entren en conflicto con la libertad de expresión, dado que se trata de una serie derechos fundamentales, ineludibles e inalienables,  de los que goza el ciudadano, muy protegidos por la constitución española, así como por la Declaración Universal de los Derechos Humanos; el problema reside en los límites de la libertad de expresión, pues aún considerándose un derecho intrínseco al individuo -e inviolable- existen ciertas situaciones en las que pueden surgir ligeras discrepancias, fina linea en la que Tenthman realiza su labor, en beneficio del derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen de sus clientes.

¿Qué ocurre, por ejemplo, si un medio de comunicación publica una serie de imágenes íntimas de un personaje público sin el consentimiento de éste?

En un caso de estas características es fácil que se genere cierto conflicto entre el afectado y el medio responsable, dado que, por un lado, el medio eludirá cualquier responsabilidad exponiendo su derecho a la libertad de expresión, mientras que el afectado, por otra parte, se aferrará a su derecho al honor y a la propia imagen.

Los límites de la libertad de expresión podrían situarse en el derecho a la intimidad del individuo, siempre y cuando la información dada carezca de valor informativo, pues siempre que cierto material, ya sea visual o escrito, no se considere valioso a este nivel -por el motivo que sea- se hallará fuera de los límites de dicha libertad, al causar un prejuicio a un tercero, que no ha dado su consentimiento para que dicha información sea publicada; de este modo, ambos derechos, tan necesarios como ineludibles, se ven vulnerados y, por consiguiente, entran en conflicto.

Un ejemplo de este tipo de situaciones podría ser el caso del actor Quim Gutiérrez, quien se vio afectado, recientemente, por la  publicación de una serie de fotografías en las que aparecía desnudo en una playa de Formentera. El medio responsable, la revista Cuore, referente dentro de la prensa amarillista nacional, se aferró a que se trataba de un personaje público en un lugar público, motivo por el cual el medio ejercía su total derecho al incluir las imágenes en el groso de su edición impresa, dentro de las pautas establecidas por la ley; por otra parte, el afectado se encontraba en disposición de considerar dichas instantáneas una agresión hacia su persona, motivo por el cual decidió eliminar cualquier contenido relacionado en la red, ejerciendo, de este modo, su derecho a regular y eliminar el contenido ilegal, materia en la que Tenthman se ha especializado con los años, consciente de la amplitud que ofrece Internet.

Como bien dejó escrito el experto Manuel Gameros en su artículo ‘Libertad de Expresión, Diversidad Cultural y Educación’, incluido en el manual Espacios de Comunicación, coordinado por el periodista e investigador mexicano Javier Esteinou Madrid”La libertad de expresión debe encontrar un punto intermedio entre el universalismo ingenuo y el relativismo absoluto”.

Por consiguiente, podríamos establecer que la labor de Tenthman se sitúa en este preciso punto intermedio, velando porque la integridad moral y los derechos de sus clientes no se vea vulnerada por el uso indebido, e irresponsable, de la libertad de expresión, pues dicho derecho ha de ejercerse en favor de la verdad y de la información, siempre en beneficio de una sociedad que necesita -y merece-conocer la realidad objetiva de los acontecimientos que tienen lugar a su alrededor; por el contrario, y en referencia a la prensa amarillista, cuyos contenidos carecen de valor informativo, y la burda banalidad con la que la información es tratada expone, de un modo irresponsable, a las personas implicadas, ha de defenderse el derecho al honor, a la intimidad y la propia imagen por encima de los intereses económicos del medio en cuestión, que, en detrimento de la noble labor informativa, se aferrará a su libertad de expresión a la hora de dar un trato dañino, irresponsable, y de mal gusto, a ciertos contenidos que, en su inmensa mayoría, no son noticia, y afectan a la vida de un tercero.

La dimensión ofrecida por Internet con respecto a la información es apabullante, pues resulta casi imposible, a nivel usuario, deshacerse de ciertos contenidos que puedan afectar a nuestra integridad como individuo; Tenthman centra gran parte de su labor en localizar, definir, certificar y regular contenido que afecte a los derechos de sus clientes, así como por su derecho a la libertad de expresión, al honor, a la intimidad y a la propia imagen, impidiendo que cualquier material dañino pueda seguir circulando por la red. Ese es, y siempre será, el principio moral por el que Tenthman se guía; velar por la integridad y seguridad de sus clientes en este mar de información y contenidos, en ocasiones confuso, que es Internet.