[7]DAYS: ANDREU BUENAFUENTE

En el [7]DAYS  de esta semana, el humorista presentador y productor, Andreu Buenafuente.

 

[7]DAYS: Manuela Carmena

En esta tercera ficha [7] DAYS os traemos a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena

¿Qué es el Big Data y cómo lo están utilizando las empresas?

Dado el incremento de tráfico de datos que ha tenido lugar en la red en los últimos años, por mor de gran cantidad de nuevas plataformas y aplicaciones -como pueden ser las redes sociales, grandes empresas de venta online, o las plataformas de almacenamiento en la nube-, la tecnología de la información y la comunicación se ha visto en la obligación de configurar una nueva disciplina dedicada a los datos masivos; Big Data, macrodatos, inteligencia de datos, o datos a gran escala, es un concepto que hace referencia a una serie de conjuntos de datos tan amplios que las aplicaciones informáticas convencionales del procesamiento de datos no son lo suficientemente potentes como para tratar con ellos, motivo por el cual los procedimientos usados normalmente para ordenar, sintetizar, o hallar patrones repetitivos dentro de estos datos, no son suficientes.

Las dificultades que presentan este tipo de conjuntos de datos tienen que ver con la elaboración de informes estadísticos y modelos predictivos -relacionados con el análisis de negocio y la publicidad-, el espionaje, seguimiento de la población -en relación a la prevención del terrorismo, lucha contra el crimen organizado, etcétera-, o los datos de enfermedades infecciosas; el problema se presenta a la hora de recolectar, almacenar, compartir, visualizar, analizar o simplemente buscar un apartado concreto dentro de dicho conjunto, debido a sus dimensiones. En este punto es en el que se presenta como ineludible el uso de un nuevo sistema de gestión y análisis de grandes volúmenes de datos, que no pueden ser tratados de manera convencional.

Las redes sociales se han convertido en un gran archivo multimedia en el que los internautas almacenan su vida, y las empresas no han tardado en utilizar dicha información para decidirse entre varios candidatos a un mismo puesto de trabajo; en relación a dicha necesidad, Oracle ha lanzado una aplicación pionera dentro del Big Data, llamada Taleo Social Sourcing, e integrada con la API de LinkedIn, Twitter y Facebook -esto nos servirá de ejemplo para entender cómo funciona este nuevo sistema-. De este modo los distintos departamentos de recursos humanos pueden acceder al perfil social y profesional de cualquier posible trabajador en cuestión de segundos, trabajando con un conjunto de datos cuyo volumen sobrepasaría las capacidades de cualquier software convencional. De este modo las empresas tienen la posibilidad de ofrecer a un público más objetivo el puesto de trabajo ofertado -descartando, por ende, los perfiles que no se adecuen a las necesidades de dicho empleo-.

Puede que el ejemplo más claro del uso que las distintas empresas dan al Big Data lo encontremos en Amazon, líder de ventas en Internet. El éxito de dicha empresa se basa en el modo en que los datos de compra de un usuario se cruzan con los de otro, creando, de este modo, anuncios personalizados, dirigidos directamente a un público objetivo mediante banners en redes sociales o boletines electrónicos. De este modo Amazon puede hacer un seguimiento de los intereses de cada uno de sus clientes, al haber registrado sus comprar previas, estableciendo una serie de patrones que le servirán, en última instancia, para ofrecer única y exclusivamente aquellos productos que puedan interesar al usuario, lo que trae consigo una publicidad mucho más efectiva que la conocida hasta el momento -esto sería, por explicarlo de algún modo, como llevar el típico panel publicitario que se dispone a un lado de la carretera a la fachada que se presenta en frente de la casa del comprador objetivo, presentándole el producto que desea adquirir incluso antes de que se dispongo a comprarlo-.

Sin duda esta nueva tecnología ha supuesto una revolución dentro del ámbito empresarial, acortando las distancias entre cliente y empresario, y estableciendo un método fiable a la hora de navegar en ese universo confuso que es la red, en el que cada vez más usuarios dejan su huella, acrecentando, de este modo, el volumen de datos almacenados.

El poder de las redes sociales en política

Lejos han quedado los tiempos en los que los universitarios imprimían propaganda política en las facultades, con el objetivo de crear conciencia, coordinar manifestaciones, e imponerse al orden establecido; hoy en día no es necesario un soporte físico para movilizar a las masas, puesto que la universalidad del alcance que nos proporciona la red, así como su inmediatez y el fácil acceso que ofrece a los usuarios, han convertido a Internet en la herramienta de transmisión de ideas más poderosa de todos los tiempos, capaz de moldear la opinión pública, ensalzar o desvirtuar a personajes políticos, e incluso hacer campaña fuera de los medios oficiales, de un modo ajeno a todo mitin electoral que pueda estar programado en la agenda de los líderes políticos del momento; todo esto ha dotado de un poder superior a las redes sociales, espacio en el cual se maneja gran cantidad de información a diario, generando un caldo de cultivo de opinión que, inmediatamente después, se verá reflejado en las urnas.

En los últimos tiempos, los ciudadanos han pasado de ser meros receptores de información a elaboradores, emisores y divulgadores de la misma, utilizando como herramienta nuevos medios de  comunicación que ofrecen un alcance internacional, y que con el tiempo se han convertido en una potente herramienta política; hace un par de décadas era impensable que la opinión de un ciudadano cualquier pudiera llegar a un conjunto más amplio, pero hoy en día, gracias a plataformas como Twitter, WhatsApp, Facebook, Google+, entre otras muchas, esto se ha convertido en una realidad con la que los mass media se han tenido que acostumbrar a convivir -adaptándose, casi por fuerza, al medio-.

Anteriormente era el periodista el que exponía su versión de los hechos, y la actualidad se ofrecía al mundo en breves porciones de información -ordenada- que tenían a su disposición una serie de espacios horarios concretos, así como diversos soportes físicos determinados; ahora cualquiera puede dar su opinión, exponer su visión de los hechos y generar debate, sobredimensionando de tal modo la información que el usuario se ve expuesto a la actualidad de un modo continuo e inmediato. En los últimos años hemos sido partícipes de acontecimientos sociales que han pasado a la historia como puntos clave de nuestra evolución social, tales como la Primavera Árabe, el 15-M, la aparición de nuevos partidos políticos que han roto con el bipartidismo en España -un claro ejemplo es Podemos-, o el desmantelamiento de multitud de tramas de corrupción, gracias en parte a la labor de activistas que juegan en los límites de la legalidad, como Wikileaks o Anonymous; las redes sociales han sido el medio oficial de todos estos acontecimientos, así como el espacio en el que dichos grupos han coordinado sus acciones y manifestando sus ideales, filtrando toda información lo suficientemente importante como para “cambiar el mundo”.

En base a esto, a diario, como usuarios que somos, nos enfrentamos a todo tipo de información en la red, y mucha de ella es falsa, creada única y exclusivamente para deformar la realidad en base a una serie de pretextos políticos -un claro ejemplo son las noticias manipuladas que circulan por redes sociales, sobre delitos perpetrados por refugiados en Europa, cuyo objetivo es difundir un mensaje islamófobo-. Partidos políticos como Podemos alcanzaron una proyección internacional -recordemos los resultados en Europa, mucho antes de hacerse un hueco en el Congreso de los Diputados y el Senado– tras una ardua campaña propagandística que los propios ciudadanos llevaron a cabo en las redes sociales; del mismo modo, en EEUU, hemos sido espectadores -recientemente- del modo en que dicha actividad propagandística -desarrollada en parte en la red- desbancaba a Hillary Clinton en las elecciones a la presidencia del gobierno, otorgando el cetro de mando al polémicos Donald Trump.

En definitiva, la capacidad que ofrecen las redes sociales a la hora de generar debate, y moldear la opinión pública, es equiparable a la de los medios de comunicación convencionales, con la diferencia de que la veracidad de los contenidos ofrecidos en estos espacios está sujeta al origen de dicha información, y en muchos casos ésta es de dudosa fiabilidad; aún así, está visto y comprobado que el individuo, sujeto a los estímulos inmediatos que recibe del medio, actúa en base a los impulsos que recibe de él, motivo por el cual la efectividad de las redes sociales a la hora de moldear y dirigir el pensamiento político es, si acaso, intrínseca al alcance -ilimitado- que dichas herramientas ofrecen.

Los límites de la legalidad en redes sociales

La revolución que ha supuesto Internet -en lo referido a comunicacióninformación e intercambio de datos– ha traído consigo un crecimiento colosal del terreno de acción del individuo, brindándole gran cantidad de posibilidades que hace escasas dos décadas eran impensables; con un solo clic, un usuario puede hacer llegar su opinión, producto u oferta a otro que se disponga frente a su ordenador al otro lado del mundo, abriendo un canal directo entre dos puntos tan alejados; por su parte, la aparición de las redes sociales ha generado difíciles retos a la sociedad, dada la necesidad de establecer una serie de límites capaces de gestionar el comportamiento de los internautas, evitando una serie de conflictos altamente dañinos para el honor, la intimidad y la propia imagen del individuo.

Redes sociales tales como FacebookTwitterGoogle+InstagramSnapchat, entre otras muchas, se han convertido, con el tiempo, en un gran “medio de comunicación” de masas a disposición de todos, en el que cualquiera puede manifestar su punto de vista u opinión y que otros lo compartan, llevando a que ciertos contenidos se viralicen, fabricando a verdaderos pesos pesados de la comunicación surgidos de la nada gracias al usuario: por un lado, esto ha beneficiado al mundo de la información, dando voz directa a las víctimas de conflictos armados, inmigración, terrorismo, maltrato de género, y otras muchas tristes realidades, abriendo un canal directo, y objetivo, entre el público y diversos acontecimientos de interés general; por otra parte, ha traído consigo que la irresponsabilidad informativa se manifieste más que nunca en el mundo de lo cotidiano, brindando un atril de posibilidades a supuestos comunicadores, muchos de ellos con un mensaje racista, misógino, de odio u altamente demagogo, suponiendo, en cierto modo, la destrucción del noble arte del periodismo -cabe destacar que, en cierto modo, el abandono de dicha nobleza, junto con la pérdida de credibilidad del público hacia unos medios altamente parciales, poco transparentes, y esclavos de intereses económicos y políticos, han propiciado el auge de esta realidad-.

En consecuencia, la ley se ha visto en la obligación de moderar las actividades que los usuarios puedan desempeñar en dichas redes, estableciendo una serie de límites que -cómo no- han generado diversos conflictos en relación a los derechos fundamentales de los ciudadanos. Un claro ejemplo de ello es la reciente imputación de César Strawberry, cantante de Def Con Dos, por supuesto enaltecimiento del terrorismo, o los famosos titiriteros y su apología al grupo terrorista ETA; en esta vertiente, relacionada de un modo directo con la comedia, el humor y, en definitiva, la interpretación, quizá sea donde la justicia tiene más problemas a la hora de establecer unos límites, puesto que, como bien dijo el cómico británico Ricky Gervais“Que estés ofendido no quiere decir que tengas razón. También hay gente a la que le ofende el mestizaje, los gays, los ateos… ¿Y?”. En terrenos del humor, siempre habrá alguien que se sienta ofendido por un chiste, motivo por el cual es altamente difícil establecer un límite acertado, aunque en España -al igual que en otros muchos países- en lo que se refiere al humor se ha dejado en evidencia que el terrorismo y el maltrato de género no son temas que entren demasiado bien al público, ni a las autoridades, dado que, tristemente, están a la orden del día.

Todo esto cambia a la hora de abordar la problemática del bullying, el acoso virtual, las amenazas -dirigidas tanto a personajes públicos como a usuarios privados-, el enaltecimiento -claro y directo- del terrorismo, o la exaltación al odio. Al principio, en las redes sociales se podía decir de todo sin que esto conllevase ningún tipo de responsabilidad directa, pero dicha realidad ha cambiado tras los incidentes que se vienen dando en torno al uso indebido de estas herramientas. La Guardia Civil, con el fin de frenar los delitos de acoso y amenazas que puedan darse en la red, ha dispuesto todo un departamento a disposición de los afectados: el Departamento de Delitos Telemáticos. El código penal recoge dichos delitos como graves, estableciendo que tales actitudes se encuentran fuera de los límites de la libertad de expresión, al suponer un serio prejuicio a un tercero, muy dañino a la larga -sobre todo en los casos de bullying entre adolescentes, en los que la dimensión espacio-temporal en la que tenía lugar el acoso se ha visto duplicada, dado que, por mor de las redes sociales, la víctima se lleva los abusos a casa, en vez de reducirse éstos al mero ámbito estudiantil-.

Las autoridades son las responsables de asegurar que las leyes no se vean vulneradas en Internet, persiguiendo a acosadores y delincuentes de todo tipo en este submundo convulso, tan caótico, que es la red -de vez en cuando también persigue a algún que otro artista o humorista, pero eso son gajes del oficio-. En lo referido a cualquier material obsoleto que siga indexado a motores de búsqueda, o a nuevas publicaciones que supongan un prejuicio personal para sus clientes, Tenthman es especialista en velar por los intereses de los internautas, evitando que cualquier medio -o tercero- pueda hacer un uso indebido de su imagen e intimidad.

¿Qué es el Derecho al Olvido?

Internet se ha convertido, a lo largo de las últimas décadas, en una dimensión paralela en la que el individuo se desenvuelve -tanto directa como indirectamente- en la cotidianidad, con la peculiaridad de que sus datos, así como el rastro que va dejando como usuarios en la red, prevalecerán por un tiempo indefinido, manteniéndose, por ende, en el ámbito público, a disposición de los motores de búsqueda; es en esta dimensión en la que se aplica el conocido como derecho al olvido, que tiene que ver con la protección de datos personales, así como el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen, terreno en el que Tenthman lleva a cabo su labor.

Atendiendo a dicha peculiaridad, y teniendo en cuenta la Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal, aprobada por las Cortes Generales el 13 de diciembre de 1999, podemos extraer una serie de conflictos que se han ido manifestando en los últimos años, a raíz del uso de datos de carácter personal que se encuentran, a disposición del usuario, en la red, referidos tanto a personalidades públicas como a individuos del ámbito privado.

El derecho al olvido protege al usuario ante el posible uso que un tercero pudiera dar a cierta información que, considerándose obsoleta, sigue indexada a los motores de búsqueda; de este modo, el afectado puede solicitar que estos datos sean borrados de Internet, así como todo rastro de los mismos. Para ello ha de ponerse en contacto directo con el medio u empresa que haya publicado dicha información, o con los motores de búsqueda desde los cuales pueda accederse a la misma; en caso de que sea rechazada la solicitud de derecho al olvido, podrá iniciar acciones legales, e incluso reclamar una indemnización.

Es frecuente que este concepto entre en conflicto con la libertad de expresión e información, dado que es muy difícil establecer unos límites definidos sin entrar en conflicto -a su vez- con el resto de derechos fundamentales de los que goza el ciudadano. En los últimos años hemos sido testigos de diversos escándalos, casi siempre relacionados con personajes públicos: cuando un medio de comunicación hace uso de cierta información referente a un tercero que, aún siendo cierta, pueda suponer un prejuicio para éste, nos encontramos ante una falta grave que puede fácilmente llegar a los tribunales; del mismo modo, el medio acusado podrá aferrarse a su libertad de expresión, escudándose en la labor que desempeña y en el valor informativo de lo publicado -de existir dicho valor, puesto que, en caso contrario, tendría las de perder ante un juez-. Ambos derechos son de vital importancia, parte inamovible de los cimientos de una democracia, motivo por el cual la ley ha de disponer de las herramientas adecuadas para afrontar cualquier conflicto que pudiera surgir entre ambos, sin limitar -en ningún caso- los derechos del ciudadano.

Como bien dejaron escrito Samuel D. Warren -célebre estudioso del derecho y uno de los autores del manual ‘The Right to Privacy’– y Louis D. Brandeis -juez asociado a la Corte Suprema de los EEUU, también escritor y estudioso del derecho-, en un artículo publicado en diciembre de 1890; “Que el individuo debería tener protección de su persona y sus propiedades es un principio tan antiguo como la ley, pero de vez en cuando es necesario definir de nuevo la naturaleza y el alcance de esa protección… el derecho al olvido, a que te dejen en paz, asegura el ejercicio de los amplios privilegios civiles, y el término “propiedad” ha crecido hasta incluir toda forma de posesión”. Como podemos observar, el derecho al olvido ya se había teorizado mucho antes de la aparición de Internet, herramienta que supone un gran reto para la ley dada la nueva dimensión que ofrece, emplazamiento en el cual Tenthman se esfuerza en proteger a sus clientes de cualquier actividad ajena a sus intereses, velando por su integridad moral y su intimidad.

Escrito por Gerardo Collazo

Fotografía de @Annevanilla

Elecciones Holanda 2017

En esta infografía mostramos un resumen de las 24 horas actividad que hubo en la red social Twitter de los dos principales candidatos, Mark Rutte y Gert Wilders, durante el día de las elecciones de Holanda.